miércoles, 16 de marzo de 2011

Ruega por nosotros...

Respeto y admiro a las personas que tienen fe. Cualquier fe. A todos los que creen en Krishna, Jehová, Yahvé, Buda, Cristo o Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Yo, a pesar de haber nacido en una casa Católica Apostólica y Romana, de haber sido bautizado y confirmado, haber asistido a retiros espirituales y también haber paporreteado todas las mañanas durante once años el Padre Nuestro y el Ave María (hasta en latín) no me consideraba una persona totalmente católica, hasta el punto de llegar al agnosticismo. 

Escribo este post mientras escucho a George Harrison cantar My Sweet Lord y recuerdo aquel día del que sin duda alguna fue el peor ciclo de mi vida, luego de un examen de Laboratorio Clínico, en que me encontraba totalmente desahuciado, sumergido en la mas profunda frustración, la depresión consumía mi alma, sin esperanza alguna, viendo mis sueños derrumbarse frente mio...

Aquel día, después de un horrible examen teórico, regresaba a dar mi examen práctico...caminaba mirando el piso, arrastraba los pies, apretando mi puño, conteniendo las lágrimas por la frustración.. 
Fue ahí cuando encontré en el piso una especie de dije,  lo recogí sin fijarme mucho en él, mirando alrededor mio esperando encontrar a alguien que se le haya caído y lo esté buscando.

Sin darle mucha importancia lo guardé en mi bolsillo, subí las escaleras, esperando el momento de entrar a dar ese bendito examen, del cual más del 90% de mis compañeros dependíamos para seguir con vida en ese curso.
Tratando de alejarme del nerviosismo y desesperación del resto de mis compañeros, me aislé en una esquina del balcón del 2do piso, metí mis manos en los bolsillos  y encontré el dije, del cual me había olvidado completamente por estar pensando en mi examen.
Grande fue la sorpresa cuando lo saqué y lo observé, era un hermoso dije de plata con la figura del Señor de los Milagros, que en la parte trasera tenía una frase que decía "Ruega por Nosotros".
Anonadado por un momento, me dí cuenta que no estaba solo. 

Entré a dar mi examen con una seguridad y confianza que jamás había sentido. Afortunadamente todo salió bien. Aprobé ese examen y pude dar las recuperaciones de las dos unidades anteriores. Sometido a un estrés inimaginable me presenté a las recuperaciones, las cuales también pude aprobar y así pasar el ciclo.

Esa experiencia me marcó realmente. Siempre llevo ese dije conmigo a donde vaya, que me recuerda que con Él nada es imposible y que realmente nunca estoy solo...
JJCustodio II

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