lunes, 25 de julio de 2011

Historia de hospital I

Tenía 32 años, aunque aparentaba ser mucho menor.  Un tatuaje en la pierna izquierda y otro en el brazo derecho.
Venía de Tarapoto, una ciudad de la Selva Peruana.
Ingresó a piso de Medicina Interna, en el cual yo estaba rotando, un lunes. El médico de turno nos encargó a mi compañera y a mi hacerle su historia.
A pesar de su estado de salud, se mostraba amigable y dispuesto a colaborar con la entrevista.
Estaba acompañado de su padre. Y junto a su cama una foto de su pequeña hija.
Nos comentó que fue referido de su natal Tarapoto a nuestro hospital, pues el tratamiento recibido para la diarrea crónica que padecía no daba ningún resultado. Refería que había perdido más de 30 kg aproximadamente en los últimos 3 meses. "He tenido que cambiar todo mi guardaropa" bromeaba. Pero en su mirada se notaba un profunda preocupación. 
Y aunque inicialmente lo negaba rotundamente, después de una larga charla terminó aceptando su conducta sexual de riesgo. Mi sospecha era cada vez más clara. 
Al examinarlo se encontraba aparentemente normal, a no ser por la palidez marcada.
Hasta que al examinar la cavidad oral, la presencia de candidiasis esofágica (muguet oral) confirmó lo que temía. Las pruebas para diagnóstico de VIH dieron positivo. Se inició el tratamiento.
Al día siguiente no lo vimos, pues ese día nos toco rotar en otro servicio. No fue hasta el día miércoles durante la visita médica, que presentó una ictericia marcada tanto en escleras como piel. Los estudios arrojaban un daño hepático, tal vez producto de su enfermedad. Nuevamente el jueves rotamos en un servicio diferente.  Y quizás por los exámenes y la demás carga académica nos apartamos algo del caso. 
No fue hasta nuestra clase del martes en la universidad , cuando le preguntamos a nuestro profesor sobre como estaba evolucionando el paciente. -"Muchachos,lamento decirles que su paciente falleció". 
Esa noticia nos cayó como un balde de agua fría. Nos comentó que el jueves por la noche presentó una insuficiencia respiratoria por lo que fue necesario de una máquina para que pueda respirar, y lamentablemente el sábado por la noche dejó de respirar.
Era increíble como tan solo hace uno días conversábamos con él, y ahora de repente... ya no estaba.
En esta carrera uno no debe contaminarse del dolor ajeno, solo seguir adelante y aprender de todas las experiencias.
 JJCustodio II

1 comentario:

  1. Me parece interesante tu historia, o no se si interesante pero tienes habilidad para redactarlas. Historias como estas se ven por centenares diariamente en cada hospital, muchas veces me parece increible la manera q tenemos los medicos de tragarnos el dolor.
    Felicidades, esta buena la pagina.
    Saludos

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