domingo, 11 de septiembre de 2011

Esclavo de tu propia mente

Dos policías tocaban la puerta potentemente, interrumpiendo la consulta actual. Una compañera salió a pedirles que esperen su turno, pero prepotentemente querían ingresar al consultorio. Referían tener a un reo del Penal de Picsi consigo, que venía a su control y que según ellos la consulta estaba demorando mucho.

Ingresó enmarrocado (esposado) al consultorio de psiquiatría, custodiado por dos efectivos policiales del Penal, armados con escopetas y chalecos antibalas, quienes una vez dentro se negaban a salir y a quitarle las esposas. Por más que se les pidió amablemente abandonar el consultorio y quitarle las esposas al paciente, éstos se negaban. Empezaron las discusiones entre el médico y los policías. Llegó la asistenta social, pero tampoco los hizo entrar en razón. Hasta que llegó el director del Hospital y logró convencerlos.
De mala gana salieron del consultorio, no sin antes quitarle las esposas al reo.
Unas notables marcas rojas alrededor de sus muñecas, evidenciaban lo apretadas que estaban las esposas. Éste se sentó, miró sus manos libres por unos momentos, y suspiró.

Juan como lo llamaremos, es un joven de 32 años, recluido en el Penal de Picsi cerca de 8 años, con diagnóstico de esquizofrenia. 
Vivía con su madre y hermana, su padre los había abandonado cuando eran pequeños. La situación de pobreza en la que vivían hizo que su madre esté fuera de casa todo el día ejerciendo diferentes oficios, como lavar ropa, empleada doméstica, recogiendo botellas de plástico para poder venderlas.
Juan y su hermana, quien también tenía rasgos esquizoides, se quedaban en casa, hacían manualidades que luego salían a vender, para así poder subsistir y ayudar a su madre.
Una tarde, él y su hermana tuvieran una conversación que cambió el rumbo de sus vidas. 
Su hermana le preguntó - ¿Juan, tu eres feliz? Él respondió-"No, y tu?" - "Tampoco". Ella prosiguió: "¿Por qué no nos matamos? Así dejamos de ser una carga para nuestra madre". - "Sí, tienes razón" dijo Juan.
Ella dijo: "Mañana, cuando mamá salga a trabajar, nos matamos. Aquí te dejo dinero para que compres campeón (veneno para ratas) y lo tomamos" Juan asintió con la cabeza.
Llegó la noche y Juan no podía conciliar el sueño, unas voces le hablaban, y le decían, "No seas tonto! ¿Es que no te das cuenta que te está engañando? Ella quiere matarte, hará que tomes el veneno tú primero y luego ella no se matará. No dejes que te haga esto! Véngate!"

A la mañana siguiente, su madre salió a trabajar, Juan y su hermana se quedaron solos. Él salió al mercado supuestamente a comprar el veneno. 
Llegó a casa con una bolsa negra, el la cual traía una botella con un líquido trasparente. Encontró a su hermana sentada en la máquina de coser. La miró fijamente. Abrió la botella y la empezó a rociar con este líquido. Su hermana confundida no entendía lo que pasaba. Juan encendió un fósforo y se lo tiró. Su hermana ardía en llamas. Desesperada corría por toda la casa. Emitía unos gritos desgarradores mientras Juan observaba. 
En su mente pensaba, lo logre! No pudo engañarme! Mientras su hermana se quemaba viva.

Juan había ido al mercado como acordó con su hermana, pero en lugar de comprar el veneno para matarse ambos, atormentado por las voces que escuchaba, fue a comprar kerosene para estropearle el plan a su hermana, que según esas voces, quería matarlo.

Aquellos gritos desgarradores alertaron a los vecinos quienes fueron en auxilio de la joven. Llegó la ambulancia y los bomberos. Juan totalmente desconcertado entró en crisis. Justo cuando intentaba huir, llegó la policía, quien lo detuvo y lo condujo a la comisaría, mientras los paraméidos auxiliaban a su hermana.
Su hermana tuvo quemaduras de segundo y tercer grado en el 80% de su cuerpo, pero no murió. Quedó postradas, pero los médicos le salvaron la vida.
Desde entonces Juan está recluído en el Penal de Picsi, purgando condena, atormentado aún por aquellas voces, las cuales trata de alejarlas...

JJCustodio II

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