sábado, 3 de septiembre de 2011

Método Socrático

"Los buenos intentos no valen nada: primero debes saber que no sabes nada"

El método Socrático se basa en la idea de que el conocimiento es algo que no se puede dar, sino que cada quien debe descubrirlo por sí mismo. así que la única forma de ayudar a alguien a aprender algo es haciéndole preguntas que le ayuden a razonar su camino a la verdad.

Lo verdaderos maestros socráticos no dan clase, sino que aplican exámenes cruzados a sus estudiantes para ayudarlos a descubrir las debilidades de sus propias posiciones. Es la mejor manera de enseñar.

Creer, sin analizar detalladamente todas las evidencias, que nuestra teoría es la mejor posible, es la peor venda en los ojos que podamos tener.

Cuando enfrentamos contradicciones o la ignorancia, lo que nos guía más exitosamente a lo largo de los cambios de la vida, es nuestra capacidad de razonar a nuestra manera para llegar a nuevas conclusiones. Pero para usar la razón apropiadamente, debemos primero darnos cuenta que hay algo que no entendemos del todo.
El Método Socrático se dirige a hacer que los estudiantes se den cuenta que no saben tanto como pensaban. Esto está en desacuerdo con el sistema educativo actual, que intenta desarrollar la autoconfianza de los estudiantes al destacar sus logros más que sus errores.
Lo que los estudiantes necesitan no es aprender cómo es el mundo, sino cómo pensar a pesar del hecho que no siempre sepamos cómo es el mundo.

Darse cuenta que no sabemos mucho es sólo la primera parte del método socrático. La segunda parte del método Socrático: El método de la hipótesis.
En el Fedón, Sócrates le dice a Cebes: "En todos los casos, primero establezco la teoría que creo que será la más sólida".
El siguiente paso del método de la hipótesis es hallar más evidencias a favor de nuestro teoría.
En el Fedón, nuevamente Sócrates le dice a Cebes que después de elegir una hipótesis, "cualquier cosa que parezca estar de acuerdo con ella - en referencias a las causas - supongo que es verdad y cualquier cosa que no lo parezca, supongo que no es verdad".

Si estamos dispuestos a desechar la mejor hipótesis a la primera señal de problemas, nunca llegaremos a ningún lado con cualquiera de nuestras opiniones, porque siempre habrá algunos elementos sin explicación, algunas opciones del tipo "sí, pero..." que nos impedirán seguir con nuestra hipótesis.
Antes de descartar nuestra mejor hipótesis en favor de otra, hay que darle la mejor y más convincente defensa posible. En base a la testarudez de Sócrates, radica la creencia que si dudamos de nuestro mejor juicio, no podremos tomar las decisiones importantes que permitirán que el caso avance.

El método socrático es, por tanto, paradójico. Por una parte, para practicarlo hay que admitir que no se conoce la verdad. Por otra parte, hay que actuar de forma tan convincente como si se estuviera seguro de que se sabe la verdad. 

Pero, ¿qué pasa si uno está equivocado?  Esta es la razón por la que una ves que no hemos aventurado con una hipótesis basada en lo que pensamos que sabemos, necesitamos que otros nos reten para hacer un examen cruzado en nosotros. Necesitamos que nos cuestionen para descubrir si hemos hecho alguna suposición incorrecta, si hemos utilizado suficiente evidencia para apoyar nuestra conclusión o si hemos elegido nuestra hipótesis basándonos en prejuicios personales inaceptables (aunque quizá no nos hemos dado cuenta).
Estamos clavados en la creencia que nuestros profesores, superiores y líderes tiene la razón. Muchas veces dejamos de pensar, o bien aceptamos las posturas de los otros (aún cuando estemos en desacuerdo con ellos) o somos "tolerantes" y los dejamos que "crean lo que quieren". Nunca olvidar que siempre de debe confrontar las ideas de los demás.

Como dijo Sócrates, necesitamos personas que nos confronten. Si los demás están de acuerdo con nosotros o "están de acuerdo para no estar de acuerdo con nosotros" solo para evitar comprometernos en un debate, estaremos confinados a nuestra pequeña realidad. Necesitamos a alguien que se erija frente a nosotros.
Así como las luchas físicas, las confrontaciones intelectuales también duelen. Pero llevan a nuestros más grandes descubrimientos.

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